A este árbol milenario le debemos nuestra gratitud por ofrecernos sus frutos, su corteza, sus hojas que aportan tantas maravillas para nuestra salud y como si fuera poco enriquece con sus frutos nuestra dieta panameña.
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Árbol del pan cuida de nuestra salud y enriquece nuestra cultura culinaria

El árbol de fruta de pan es originario de las islas del Pacífico y del sudeste asiático, ya en la prehistoria aparece en Polinesia en forma de cultivo y desde allí viajeros lo llevaron al continente europeo. Desde esa época remota la población se alimentaba con su fruta, que formó parte de su dieta.

El árbol puede alcanzar una altura de 21 metros, sus hojas son de color verde oscuro y pueden medir entre 15 y 60 centímetros de largo; su fruto es de color verde claro-amarillento, pero en algunas zonas tiene un color anaranjado, se caracteriza por su textura carnosa y suave, que contiene las semillas redondas, que son muy apreciadas por su alto contenido de vitaminas y minerales; una vez que el fruto está maduro, se sacan las semillas.

En medicina se utilizan sus hojas maduras para preparar infusiones para ayudar a regular los niveles de azúcar en la sangre como antidiabético; en casos de hipertensión la infusión de las hojas jóvenes es recomendable; en el caso de hipoglicemia una infusión de la corteza del árbol del pan ayuda al páncreas en su función en mejorar los niveles de glucosa.

Se puede decir que la fruta se aprovecha totalmente. En Panamá su pulpa es utilizada en la elaboración de postres, platillos, en ricos patacones para acompañar carnes con salsa y ¿por qué no? Sustituyendo la yuca y la papa. En Puerto Viejo se acostumbra consumirla frita acompañándola con natilla y queso. Las semillas también se comen tostadas o hervidas.